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Ciclo Azul

Quiero que me ayuden no quiero ser dependiente de pastillas tomo alplax de 1 ml ayer se me acabaron y ya hoy me siento fatal y hasta se me sube un poco la presión cuando no la tomo que puedo hacer para no ser dependiente. Se me acabaron las pastillas y me siento fatal. Cada que no las tomo empeoro ¿Qué puedo hacer para no ser dependiente? Muchos de los que hemos consumido ansiolíticos hemos pasado por esa etapa en la cual queremos dejar de consumir pastillas y no podemos. Hay algo que experimentamos todos los que algún momento padecimos de un trastornos de ansiedad, llamado comportamientos de seguridad. Estos comportamientos básicamente lo que hacen es evitar a toda costa sentirnos ansiosos. Para que entiendas mejor estos comportamientos, imagina a aquella persona que tiene ansiedad social. La ansiedad social se caracteriza por el miedo a relacionarse contras personas ya sea en el trabajo o en la calle. Esta persona evitará a toda costa asistir a reuniones o acudir a lugares en donde se encuentre expuesto a entablar algún tipo de comunicación verbal. Lo único que sucede al seguir alimentando este tipo de comportamientos de seguridad es que el ciclo de la ansiedad se fortalezca. La mente de esta persona no aprenderá que el relacionarse con otras personas no es peligroso. En tu caso el llevar los ansiolíticos a todos lados se ha convertido en un comportamiento de seguridad. En el momento que te quedaste sin pastillas comenzaste a sentirte ansiosa. Estos comportamientos de seguridad pueden ser desaprendidos a través de una evaluación de pensamiento http://bit.ly/2nxG0pF y de exponerte de forma gradual aquellas situaciones que te generan ansiedad.

¿Existe un medicamento para la ansiedad?

La ansiedad fue para mi una luz roja la cual me advertía continuamente que debía cambiar mi estilo de vida. No es casualidad que cuando peor me sentía era cuando mi alimentación era un desastre. No practicaba ninguna actividad física. Y mi mente era secuestrada continuamente por pensamientos catastróficos. Siempre estaba en la búsqueda de un medicamento para la ansiedad.

El hacer un cambio verdadero me llevó algún tiempo y como todo aquello que nos incomoda trate de evitarlo a toda costa. Ponía un y mil pretextos para salir a practicar algún ejercicio. Me rehusaba a dejar de comer lo que me gustaba para cambiar a una dieta más saludable. Jamás trate de indagar de dónde y por qué llegaban esos pensamientos e imágenes a mi mente sin avisar.

Después de sufrir unos cuantos ataques de ansiedad y darme cuenta que lo que parecía algo transitorio se había convertido en algo estacionario. Decidí acudir a un psiquiatra. Este profesional de la salud mental me prescribió unas pastillas en unos cuantos minutos. Me dijo claramente que no me preocupará. Que no me iba a morir y que en cuanto mi cuerpo se adaptara al nuevo medicamento empezaría a sentirme mejor. Al final el psiquiatra había estado en lo correcto. Después de un par de semanas mi cuerpo se empezó a adaptar a los ansiolíticos y me empecé a sentir mejor. Aunque olvidó comentar que los medicamentos de este tipo llegan a causar dependencia y esta dependencia te genera más ansiedad.

Los siguientes meses desarrollé una dependencia al medicamento. La cual me generaba aún más ansiedad que la que experimentaba al principio. Llegué a pensar que todos mis síntomas fisiológicos eran causados por las pastillas y no por un trastorno de ansiedad. Hice una evaluación de lo que había hecho y lo que había dejado de hacer.  Posteriormente cambie la dirección de mis acciones.

Dejar de tomar medicamentos que te brindan una tranquilidad momentánea. Levantarte todos los días para hacer ejercicio. Dejar alcohol, fiestas, cambiar hábitos alimenticios. Empezar a evaluar tus pensamientos, para indagar qué es los que te genera ansiedad, no es tarea sencilla. Pero seamos totalmente honestos y hagámonos las siguientes preguntas:

¿Realmente queremos tomar pastillas para poder hacer las cosas que deberíamos hacer normalmente?

¿Piensas que no hay otras opciones más que la de un medicamento controlado?

Hace poco leía un artículo acerca de un estudio realizado con personas que padecen alguno de los diferentes trastorno de ansiedad y personas que padecen ansiedad cotidiana. Este estudio se centraba en la manera en que reaccionaban ambos grupos ante estímulos amenazantes. Los resultados mostraron que la única diferencia entre ambos grupos era la intensidad con que experimentaban ansiedad ante estos estímulos. Nuestra búsqueda debe ser la reducción de niveles de ansiedad y no su cura. Experimentar esa ansiedad que nos impulse a resolver problemas y a lograr nuestros objetivos.

Si buscamos nuevas opciones de tratamientos enfocados, no solo en cambiar la química del cerebro a través de un medicamento para la ansiedad. Sino a un cambio integral que modifique nuestro estilo de vida. Seguramente encontraremos nuevas alternativas para tratar la ansiedad.